Un sueño profundo.

 Un sueño profundo.



El Observador y el Observado

En este mundo existen dos tipos de personas: las que hacen y las que observan. En este universo de infinitas posibilidades, ni unos ni otros pueden explicar con certeza cómo ocurre lo que ocurre. Ambos quedan cautivados por el resultado, limitándose a conjeturar o a atribuir el hecho a algún paradigma, sea divino, psicológico, científico o circunstancial.



Todos hemos jugado alguno de estos dos roles. De hecho, ahora mismo lo estamos haciendo: yo, como el autor de este texto, y tú, como el lector. La vida misma parece construirse sobre esta dualidad: el observador y el observado.



El momento en que fui ambos



Recuerdo que, cuando aún estaba en el colegio, tuve una experiencia difícil de explicar en ese momento. Hoy sé con certeza qué ocurrió en ese instante: por un breve momento fui ambos, observador y observado. Me vi a mí mismo más allá de lo que la psicología define como autopercepción. En esos segundos, mi existencia entera pareció desmoronarse, y entendí que simplemente estaba interpretando un papel en el juego de la vida.



No sentí miedo. Al contrario, vi el mundo como una extensión de mí mismo, como si todo existiera para darme forma, para modelar aquello en lo que deseaba convertirme. Fueron solo segundos en el plano físico, pero en ese momento experimenté la eternidad y la unidad.



Hoy puedo ponerlo en palabras porque finalmente comprendí lo que sucedió aquel día.



La búsqueda del origen



Algunas personas sentimos la necesidad de buscar respuestas. No buscamos en nuestra historia biológica, cultural o social, sino dentro de nosotros mismos, en el lugar menos explorado por el ser humano: la consciencia, refundida en las mas impenetrables habitaciones de nuestra mente.


Con los años, entendí que experiencias como la mía, o como en otros casos, eventos extremadamente traumáticos, pueden sacudir nuestra percepción de la realidad. Cuando eso ocurre, las bases sobre las que construimos nuestra identidad tambalean, y nos vemos obligados a buscar un nuevo significado que nos explique la verdad o que por lo menos nos haga sentir nuevamente seguros.



El ser humano promedio crece en un entorno hermético, condicionado por estructuras sociales, políticas y religiosas diseñadas para darle una suerte de estabilidad. Pero, ¿Qué ocurre cuando la consciencia, de forma magistral, nos permite ver que toda esa realidad es solo un sueño, una sombra de algo mas grande? ¿Qué pasa cuando entendemos que nada se sustenta por sí mismo, excepto por el más pequeño de los elementos… el miedo?



El miedo, el disfraz de la vida



Sí, el miedo es el verdadero motor que nos impulsa a seguir reglas, incluso en el amor.
Muchos aman por miedo a la soledad, pero si el amor nace del miedo, ¿es realmente amor? O, más bien, ¿es un disfraz? Nos aterra perder a quienes amamos, pero no por el vacío que dejan, sino por lo que significa estar solos. La sociedad nos ha enseñado que la soledad es sinónimo de abandono, y huimos de ella sin darnos cuenta de que es, en realidad, la clave del juego de la vida.



El origen del todo



Antes de que existiera la multiplicidad, solo había unidad. Ese "uno" no era nada y era todo al mismo tiempo. No existía la luz ni la oscuridad, solo una conciencia pura, un pensamiento, una idea.



Pero esa unidad desconocía su propia existencia, hasta que se fragmentó. Fue luz y, al mismo tiempo, descubrió la oscuridad dentro de sí. Comprendió que toda dualidad era parte de su naturaleza y que el bien y el mal caminaban juntos.



Entonces surgió una pregunta: ¿Quién observaba y quién juzgaba? Y en ese instante, la unidad se reconoció como un hombre. Uno que se durmió y empezó a soñarse a sí mismo como un ser limitado, pequeño, separado de su verdadero ser. Se sintió solo, frágil y vulnerable.



El despertar



Hoy, ese hombre ha comenzado a despertar. Ha empezado a recordar que su origen siempre ha estado en sí mismo, que él y la fuente de todo son uno solo.



Nosotros, fragmentos de aquella unidad, estamos en ese mismo proceso. Algunos hemos sentido el llamado de la consciencia, el deseo de buscar respuestas dentro, más allá del miedo, más allá del juego de la dualidad.



Tal vez el propósito de todo esto sea recordar. Recordar quiénes somos realmente, antes de nuestra humanidad.

Comentarios

Entradas populares